Cómo crear el himno de tu peña o tu equipo (aunque no hayáis ganado nada)
Los grandes equipos tienen himno. Los equipos como el tuyo — catorce años sin ganar una liga — lo merecen más. La historia de La Peña del Martes y su himno «P'alante, que es martes», con partitura emocional incluida.
19 de agosto de 2026

Hay una injusticia histórica en el mundo del deporte: los himnos los tienen los equipos que ganan. Y sin embargo, ¿quién se merece más un himno — el club con vitrinas llenas, o un equipo que lleva catorce años perdiendo los martes a las diez y volviendo la semana siguiente? Exacto. Este artículo va de arreglar esa injusticia.
(La historia que sigue la montamos nosotros con retales de equipos reales que conocemos — todos hemos jugado en uno así — y la pasamos por Tararea de verdad: el himno existe y puedes cantarlo.)
La Peña del Martes: un palmarés para enmarcar
Catorce años jugando fútbol sala todos los martes. Cero ligas ganadas. Un tercer puesto en la COVID porque se retiraron dos equipos — celebrado con foto y copa, aunque la copa fuera de otro torneo. Un capitán, Chema, que se retira cada junio con discurso solemne y vuelve cada septiembre «solo por hacer números»: catorce retiradas, nuestro Jordan particular. Un portero, Rubén, que grita «¡así no vale!» desde 2011 aunque el gol sea legal. Un último fichaje de cuarenta y ocho años al que llaman «el chaval». Y un cuartel general: el bar de Loli, donde las bravas salen sin pedirlas y donde el trofeo de terceros pasó seis meses escondido detrás de la barra.
Con ese material — el grito de guerra «¡p'alante, que es martes!» incluido — la entrevista de Tararea compuso esto:

Se titula «P'alante, que es martes» y es exactamente lo que pedimos: un himno de estadio con coros y palmas que se ríe de sí mismo con toda la épica del mundo. Escúchalo aquí — y sí, el estribillo se pega, avisados estáis.
La regla de oro de los himnos: la verdad épica
Los himnos malos inventan gestas. Los buenos convierten la verdad en gesta — y la verdad de un equipo amateur es mil veces mejor material: las derrotas gloriosas, el que siempre llega tarde, la tangana amistosa de 2019, el bar. Cuanta más verdad y menos épica postiza, más épico sale. Es la misma regla de los recuerdos concretos que usamos en todas las canciones, pero con palmas.
Para el vuestro, juntad en el grupo:
- El grito o lema (textual, con su puntuación emocional: «¡p'alante, que es martes!»).
- El palmarés sin maquillar — las cero ligas valen oro lírico.
- Los motes y sus porqués (el chaval de 48, el Jordan de las 14 retiradas).
- El sitio de después con nombre propio: los himnos necesitan una patria, y suele ser un bar.
- La leyenda que se cuenta cada temporada aunque todos se la saben.
El librito: para que nadie falle en los coros
El himno llega con su página (la de arriba), su QR para el grupo de WhatsApp y su librito en PDF con la letra completa — imprescindible, porque un himno que no se canta a gritos es solo una canción. Aquí lo tenéis página a página, y el PDF entero para imprimir:




No solo para equipos: peñas, despedidas y cuadrillas
El mismo truco funciona para la peña del bar, el grupo del pádel o una despedida de soltero — el himno del novio, con sus vergüenzas convertidas en estrofas y cantado por todo el autobús, es un clásico instantáneo que además queda para el vídeo de la boda. Si el grupo tiene motes, gritos y leyendas, tiene himno. Y si encima nunca ha ganado nada, tiene un himno mejor.
Cómo estrenarlo (protocolo oficial de la casa)
En el vestuario antes del partido, a capela y desafinando — así se cantan los himnos de verdad. Segunda opción: el bar de después, con el vídeo del vinilo en la tele si el bar se deja. El primero es gratis: contad vuestra mitología y en minutos lo tenéis sonando. Si vuestro palmarés es peor que el de La Peña del Martes, enhorabuena: el himno os va a salir mejor.
¿Te ha servido? El corazón nos ayuda a saber qué escribir.
